Garantizar la movilidad es esencial para que las personas puedan acceder a sus lugares de trabajo, servicios o de ocio, e impacta significativamente en la calidad de vida. Contar con un sistema de transporte limpio no solo beneficia a nuestra salud y la del planeta, también contribuye a generar una sociedad más justa y con igualdad de oportunidades, sin importar nuestra condición física y económica.
En este sentido, el tren aporta enormes ventajas en cuanto a ocupación de espacio público y accesibilidad, transportando a grandes cantidades de viajeros y mercancías de manera rápida y eficiente, con un impacto energético y ambiental muy bajo respecto a otros modos.
Por eso el ferrocarril está posicionado como un modo de transporte fundamental en la Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible y Conectada 2030.
Esta Estrategia es la hoja de ruta que guía las actuaciones del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible para cumplir con los objetivos de descarbonización, accesibilidad y digitalización de todo nuestro sistema de transporte, y prioriza las medidas en los modos que cuidan el medioambiente y la salud.
La movilidad es el modo de desplazamiento más universal, el de menor impacto medioambiental y el más eficiente.
La bicicleta debe ser protagonista en la movilidad cotidiana, ya que presenta importantes ventajas tanto medioambientales como para la salud.
Se trata del modo más eficiente e inclusivo para el transporte de personas, ya que necesita menos espacio que el vehículo privado y facilita el acceso a cualquier estrato económico.
Vehículos para su alquiler sin el conductor como carsharing, motosharing o patinete, y servicios para compartir vehículo en un mismo trayecto.
Debe priorizarse aquellos que supongan menores emisiones contaminantes y menor ocupación del espacio público.
Cuando hablamos de movilidad sostenible hay que darle la vuelta a la escala de prioridades que normalmente vemos en nuestras calles. La Pirámide de la Movilidad clasifica los modos según criterios de eficiencia energética, impacto ambiental, equidad social y accidentalidad, y sirve de guía para jerarquizar las inversiones en políticas de transporte.
En esta jerarquía, el transporte público (y especialmente, el tren) se sitúa por encima de otros modos motorizados como el automóvil, y solo por debajo del peatón y la bicicleta, que por su universalidad y bajo coste son considerados los más sostenibles.